Las siglas ACBA equivalen a “Alimentos Crudos Biológicamente Apropiados”, que es la traducción más o menos fiel del acrónimo inglés BARF (“Biologically Appropriate Raw Food”). Con estas letras se da nombre a la dieta pensada para perros (pero también aplicable en cualquier otro animal carnívoro doméstico) consistente en, precisamente, comida cruda. Esto es: carne, vísceras, huevo, pescado y agua mineral entre otros; en definitiva, aquellos de los que se servirían si fueran salvajes y tuvieran que alimentarse de lo que cazaran, o en todo caso, derivados de la naturaleza.

 

Se trata de una corriente relativamente reciente, puesto que auanque la primera en establecer sus bases fue la herborista Juliette Bairacli (en los años 30), no fue hasta 1993 que Ian Billinghusrt (experto veterinario) las asentó mediante la publicación del libro Dale un hueso a tu perro. Seguramente debido a la novedad de todo ello, sigue habiendo mucha controversia en relación a los bienes y males que una dieta así puede aportar al animal. Por un lado, hay quien opina que es más saludable puesto que evita conservantes, que es más natural, y que tiene menos posibilidades de devenir en problemas de salud. Y por otro, sus detractores opinan que el pienso comercial ha sido diseñado específicamente para otorgar a la mascota aquello que necesite, que los alimentos naturales pueden estar plagados de bacterias, y que muchos de ellos pueden sentarle francamente mal. Polémicas al margen, lo cierto es que esta alternativa está cada vez más aceptada, por lo que a continuación intentaremos echar algo de luz sobre sus conceptos básicos.

Beneficios de una dieta BARF

Quienes defienden la dieta BARF o ACBA, afirman que sus perros gozan de mejor salud, traducida en un pelo más brillante y suave, una musculatura excelente, una boca con dientes sanos y limpios, y buen aliento. Además, el nivel de energía de tales mascotas es siempre óptimo, sin alteraciones de ningún tipo, puesto que una dieta biológicamente apropiada garantiza un buen funcionamiento del aparato digestivo, siempre y cuando se elija el alimento con responsabilidad.

Los ingredientes

Esta dieta reniega de alimentos alterados y funciona a base de ingredientes naturales y crudos, por lo que hay multitud de opciones con las que alimentar a nuestra mascota de manera óptima. Lógicamente, deberá amoldarse en función de raza, especie y necesidades de cada animal, por lo que el listado que sigue debe considerarse como información genérica con la que confeccionar después el menú definitivo.

Carnes

Si hablamos de asimilar la dieta de nuestra mascota a la de un animal salvaje, lógicamente, la carne tiene que ser el ingrediente principal y de hecho, todas las combinaciones posibles la incluyen, ya sea en mayor o menor medida. Se trata del alimento más nutritivo y con mayor valor proteico, y habida cuenta de sus cualidades (magras y grasas) y variedades (se deben administrar tanto músculos como órganos para una alimentación correcta), pueden amoldarse fácilmente tanto a animales activos como a más mansos, de constitución delgada o ancha, etcétera. Siempre y cuando el animal lo acepte, la dieta BARF apuesta por la carne cruda, puesto que aunque pueda tener riesgos de infecciones, cocinada reduce algunas de sus cualidades vitamínicas que después deben ser recuperadas por otras vías. Aunque en todo caso, y contra la creencia popular, la pérdida de vitaminas es relativa, por lo que hay que asegurarse de que el material se adquiere en un lugar con garantías de higiene y salubridad (esterilizado, en otras palabras). Finalmente, no se debe abusar de los elementos más potencialmente peligrosos, el hígado y el riñón principalmente.

Huesos

Otro elemento básico en la alimentación de nuestra mascota es el calcio, y la mejor manera de administrárselo mediante una dieta BARF es a través de huesos, que contrariamente a la opinión popular, no son peligrosos siempre y cuando estén totalmente crudos (para evitar que se astillen y provoquen graves problemas de salud no hay que cocinarlos nunca), no sean fácilmente rompibles (patas de cerdo o de cordero) y el perro los digiera de forma correcta.

Para acostumbrarlo a su ingesta, hay que introducirlos poco a poco en su dieta, puesto que de lo contrario podríamos causarle problemas intestinales. Pese a que se le pueden dar machacados para ayudarle a masticar mejor, los huesos más fáciles de comer para nuestro perro son las chuletas de cordero y las espaldas y cuellos de pollo y pavo; mientras que se acostumbra dar otros más grandes para que jueguen y los roan, reforzando sus piezas dentales y limpiándolas. En relación a estos huesos, para acostumbrar al perro se debe administrar su tiempo con ellos empezando con no más de quince minutos, y aumentando poco a poco el límite.

Huevos y queso

Siempre que los huevos se den crudos, el queso fresco, ambos alimentos constituyen una importante entrada de proteínas. En general, se trata de unos complementos ideales para los huesos (que en ningún momento deben ser sustituidos). En menor medida, aunque valgan para aportar otros valores, también son válidos los yogures, siempre que sean naturales.

Vegetales

En su condición de salvaje, un animal come verduras y hortalizas de manera ocasional, ya sea de manera espontánea o, involuntariamente, a raíz de encontrarla en sus víctimas. Es por eso que se incluyen en la mayoría de dietas BARF, puesto que además, constituyen una gran fuente vitamínica, mineral y fibrosa para el perro. Ahora bien, si bien se le deben dar sin cocinar, es recomendable servírselas ralladas o trituradas. De hecho, el único tipo de verdura que no debe ingerir sin haber sido previamente cocinado es la patata. Por lo demás, se debe evitar la cebolla a toda costa, y tampoco es recomendable abusar de espinacas, acelgas y escarola; y no son pocos quienes utilizan las zanahorias como premios.

Otros (frutas, frutos secos, hierbas, cereales y legumbres)

Otros elementos completan las múltiples opciones para una dieta de estas características. En primer lugar, por lo mucho que gusta a la mayoría de perros, la fruta puede hacer las veces de tentempié o premio, aportando de paso un buen número de vitaminas. Por otro lado, los frutos secos son una importante fuente de proteínas y lípidos. Y las hierbas y especias les sirven para purgar su estómago, por lo que conviene incluirlas en todas las dietas.

En cambio, crean algo más de controversia cereales y legumbres, puesto que si bien los primeros incluyen una importante dosis de carbohidratos, vitaminas y minerales, deben cocinarse antes y muchas veces pueden llevar a problemas por mala digestión o intolerancia. Por su parte, las legumbres provocan muchos gases, ralentizan la digestión, y también deben cocinarse antes.

Suplementos

Para optimizar el equilibrio de todas las vitaminas, nutrientes, proteínas y demás que ingiere un perro, conviene acudir a una serie de suplementos que, de nuevo, pueden ser o bien de corte químico y comercial, o bien natural. En este segundo campo, podemos encontrar ingredientes como la levadura de cerveza (que proporciona vitamina B y hierro), harina de hueso o polvo de cáscara de huevo (para otorgarle las altas dosis de calcio que necesita el animal), algas y alfalfa (para el yodo) o aceites naturales. Como venimos diciendo, para saber exactamente cuáles de ellos necesita la mascota de cada uno, es necesario acudir a un veterinario profesional.

En resumen

 

La dieta ACBA o BARF es defendida y atacada por igual, de la misma manera que ocurre con quienes optan por una dieta más comercial. Quien crea que es conveniente que su perro pase de comer pienso a comer alimentos naturales, debe tener en cuenta cada una de las características de su animal, y acudir a un veterinario para que le aconseje cuáles de ellos le convienen y cuáles debe evitar. Empleada con seriedad, una dieta a base de comida cruda puede suponer importantes beneficios para nuestras mascotas.

 

Fuentes: mundoanimalia