PERROS CHATOS EN CHINA
China es un país con una tradición bastante rica en perros pequeños y cuya esencial característica morfológica es que cuentan con un hocico chato. Al perro antiguo, pequeño y chato, en China lo llamaron Lo-sze. El Pequinés es una de las razas que ha pasado a ser más extendida, pero desde hace muchos años también contaron con una raza a la que llaman Ha-pa, similar a aquél, pero con el pelo liso. Muchos cinófilos han señalado a este pequeño chato como el antepasado del Carlino.
La familia real china apreció, casi reverenció a sus pequeños compañeros en sus palacios, a los que atribuían propiedades, casi poderes, que alejaban la mala suerte. La ciudad de Gullín, al norte de Cantón, cuenta con estatuas a las puertas de los templos religiosos realizadas en metales nobles que representan a este pequeño perro. No solían salir del palacio, ya que se les consideraba animales sagrados, y el pueblo ni siquiera los conocía. Contaban con una pléyade de sirvientes encargados de que nos les faltara nada, ni cuidados ni atenciones.
La familia imperial lo consideraba un regalo exclusivo, sólo efectuado en las bodas de príncipes o emperadores. Se les llamaba foo o fu, que se traduce como “raza noble”, o Chang Sze, Lo Chang, Pai Dog. En otros lugares de oriente, como en Corea y Japón se llamó Szu Chuan y Pai Dog. En el Tibet Hand Dog. En la provincia de Wang se llama Wo que significa “muy claro”, atendiendo probablemente a la capa más común de aquella época. Esta riqueza etimológica ha acompañado al Carlino durante todas sus épocas y allí donde era introducido. Así, Italia comparte el nombre por el que le conoces en España, pero en Inglaterra lo llaman Pug; en Francia se le conoce como Carlin, mientras que en Sudamérica lo oiremos llamar Doguillo. En los países germánicos responde como Mops, parecido al nombre Mopshound que le han puesto en Holanda y Finlandia.
Se afirma que su llegada a Europa se produjo por diferentes vías, casi siempre ligadas a la realeza o las clases altas. Por ejemplo, se ha citado a nuestro país como la puerta de entrada de la raza en Europa, aunque también se alude al regalo efectuado por la corona de Portugal a la reina Isabel en el siglo XV tras un viaje a Extremo Oriente de los lusos. El nombre por el que le conocemos en España deriva de un actor italiano llamado Carlin Bertanazzi, quien utilizaba una máscara característica que representaba a un arlequín, algo que enseguida se relacionó con la que luce el Carlino en su región facial. A nivel europeo, se extendió rápidamente por Holanda y Francia, pero sería en Inglaterra donde la raza encontró el mayor desarrollo y patrocinio. En suelo inglés es donde más se ha hecho por regularizar y desarrollar la raza. Todo comenzó cuando un nieto de Guillermo I llevó a la corte unos ejemplares que le mandó la Casa Orange. Esos encantadores perros se pusieron de moda en poco tiempo. Desde entonces han evolucionado en gran medida, pues las representaciones pictóricas de la época nos muestran perros de patas altas y delgadas, con ojos menos prominentes de los que tienen hoy los ejemplares de la raza, una trufa muy prominente…
UN CARÁCTER ESPECIAL
“Gran encanto, dignidad e inteligencia. Equilibrado, alegre y vivaz”. Así describe la FCI el carácter de este pequeño, enmarcado en el grupo 9 dentro de los perros de compañía tipo toy. En el día a día, brindan una convivencia tranquila, pues no se trata de perros nerviosos ni alterables. Sólo buscarán el cariño de sus dueños, la complicidad, el juego… Pero no son perros egoístas, y lo comprobaremos en las muchas veces que vengan a nosotros a darnos su afecto. Son un poco payasetes, y contagian su constante buen humor en todo momento.
Además, no exigen cuidados muy intensos, ni en lo referente a su forma física ni en lo tocante a su salud e higiene.
Extraído de: elmundodelperro Texto: Antonio López Espada