El cambio debe ser progresivo. Dale el alimento casero o la marca a la que está acostumbrado y agrega sólo un puñado de la nueva dieta. Mézclalos perfectamente, ya que hay perros que una vez que olfatean la mezcla, las hacen a un lado con el hocico para comer con ansia la comida a la que está acostumbrado sin tocar siquiera el nuevo alimento. Si de cualquier modo ha dejado las croquetas al final, no te preocupes, aún nos quedan armas para conseguir lo que deseamos.
En su próxima comida, puedes elegir entre estas dos opciones para conquistar el olfato del perro: vierte un poco de margarina sobre las croquetas o remójalas en un poco de agua y caliéntalas con el resto de la comida. Recuerda que no debes ofrecerle al perro el alimento demasiado caliente.
Si, a pesar de todo, tu perro sigue terco y no hay forma de que pruebe ni una sola croqueta, es hora de recurrir a los alimentos enlatados. Este tipo de alimentos está balanceado al igual que los alimentos secos. Debido a que contienen un alto porcentaje de humedad, resultan más apetecibles para el animal. Si se lo come, en la siguiente comida añade una pequeña porción de croquetas.
Vé aumentando la cantidad de alimento seco (y disminuyendo la de alimento enlatado o comida casera) de manera gradual. El perro debe comer lo que tú deseas en un lapso no mayor a siete días.
Los cachorros pueden cambiar de comida casera a alimento comercial de la misma manera, pero si estaban recibiendo suplementos de calcio y vitaminas, hay que ir reduciendo la dosis de dicha suplementación a medida que vayan consumiendo el nuevo alimento, pues éste ya contiene las cantidades adecuadas de vitaminas y minerales.
Un animal enfermo o una hembra gestante no debe ser sometido a este cambio sin consultar antes al médico veterinario.
Es recomendable que el médico veterinario le sugiera el alimento ideal para los ejemplares en edad avanzada (mayores de 6 años), ya que la proporción de nutrientes que deben recibir es distinta a las de un perro joven.
Fuente: perrosenlaweb